Buenos Aires, 4 de Agosto (NA) — El último informe difundido por el Gobierno de Venezuela asegura que ya son más de 6.000 los muertos por el doble terremoto que golpeó al país el pasado 24 de junio. Además, todavía hay 29.000 personas desaparecidas y más de 60.000 han debido ser atendidas en hospitales por distintas lesiones o enfermedades vinculadas a esta catástrofe que combina el poder devastador de la naturaleza con la falta de previsión humana, las malas gestiones políticas e incluso la corrupción.
Mientras todavía se siguen removiendo cientos de miles de toneladas de escombros y los muertos siguen apareciendo de a decenas por día, ha llegado el tiempo de pensar la reconstrucción del estado de La Guaira y de otras localidades de los alrededores de Caracas que se han visto afectadas por los sismos.
¿Se trata solo de despejar el terreno de volver a construir? ¿Es solo una cuestión de dinero? ¿Alcanza con tener decisión política? ¿Cómo puede Venezuela evitar que esto le vuelva a pasar? Para encontrar respuestas a estas preguntas, la Agencia Noticias Argentinas consultó a cuatro expertos de distintas disciplinas, quienes ofrecieron cuatro visiones diferentes sobre cómo debería encararse una reconstrucción seria de Venezuela, desde las perspectivas científica, económica y política.
CARLOS LEVINTON
Arquitecto, especialista en diseño sustentable y planes de contingencia ante catástrofes, como el terremoto de Haití en 2010.
Un plan de reconstrucción atraviesa varias etapas. La actual es de desorganización total. Las brigadas extranjeras hacen lo que pueden sin un plan de conjunto, un “relevamiento” que clasifique las zonas según el daño. Al estar cerca del mar, tiene condiciones peligrosas. Nadie sabe cuáles fueron los criterios de fundación de los edificios que se cayeron. Entonces, la primera etapa implica un diagnóstico; y la reconstrucción en sí es recién la última.
Carlos Levinton (Foto: Newsweek Argentina – Redes sociales de Carlos Levinton)
En esta etapa actual debe existir un Estado. Hoy se lo pone en tela de juicio incluso en nuestro país, pero sin organismos técnicos y coordinación no hay capacidad de responder a los problemas del suelo. Esto es lo que probablemente pasó en Venezuela, más allá de los negociados de constructoras e inversores. Frente a esta situación pavorosa, que tiene una causa humana de imprevisión, es complejo acometer soluciones.
Pero la primera acción es proteger a la gente. Es difícil cuantificar los muertos porque hay como 50.000 desaparecidos. Hay gente deambulando buscando refugio, a sus muertos y sus pertenencias. Lo viví en el terremoto de Haití, donde el Estado era cero. Tampoco en Venezuela hay hoy un mapa que establezca bordes neurálgicos entre cráter y cráter de edificios caídos.
Según mi enfoque estratégico, se necesitan puntos fijos desde los cuales ordenar el territorio usando un municipio cercano como base.
El diagnóstico incluye ver qué materiales se pueden utilizar que no sean del mercado, como neumáticos, escombros, palos o caños. El resto se arma con módulos sanitarios de emergencia que incluyen baño, cocina y potabilización. Son refugios bonitos, habitables, donde puede vivir una familia, y podrían construirse dentro de la región del desastre. Materiales para construir sobran; lo llamamos “cosecha de materiales”.
Ahora, el Gobierno de Venezuela sugiere desalojar toda la zona, dejando de lado el rescate de personas o bienes. Eso no se resuelve con una mera orden militar o gubernamental. Es contraproducente.
Durante la crisis de 2001 en Argentina, las familias sin trabajo construyeron una solución simple: carritos para cargar cartón y plástico. Más de 45.000 personas organizadas cumplieron una función ecológica y de empleo sin problemas de logística. Esta es una de las posibles soluciones en Venezuela para crear infraestructuras de transición. Esto evita depender de las carpas: la experiencia indica que la gente se queda a vivir en ellas un tiempo ilimitado. Esto no debiera ocurrir en Venezuela, porque se puede evitar.
ANTONIO DE LISIO
Geógrafo y profesor universitario ítalo-venezolano. Investigador en las áreas de Planificación, Ecología, Ambiente y Desarrollo Sustentable.
En la zona de La Guaira se concentra más del 90% de los edificios que colapsaron. El gobernador del estado habla de 700 edificios que tienen que ser evaluados en cuanto a su nivel de daño, es decir, si estos daños son importantes, profundos, estructurales, o si son daños que se concentran en paredes que pueden ser eventualmente reparadas.
Ahora bien, para una reconstrucción exitosa hay que considerar que los “abanicos fluviales” en los que se concentró el mercado inmobiliario a partir de la segunda mitad del siglo XX, tienen que ser abandonados. Estos abanicos fluviales, que ya mostraron condiciones de alta vulnerabilidad con el deslave de 1999, en este momento se están convirtiendo en un factor de vulnerabilidad edilicia adicional.
Los conos de eyección se han convertido en el talón de Aquiles para la ocupación de ese territorio. La urbanización que se ha venido haciendo allí ha tenido fines recreativos para el caraqueño, porque está sobre la playa. Y se edificaron lo más cerca posible de la playa, sobre los mencionados conos. Por eso, estos conjuntos residenciales han colapsado o bien están en una situación de grave deterioro.
Insisto: reconstruir La Guaira significa abandonar la ocupación de los conos de eyección de los abanicos fluviales y planificar las nuevas edificaciones por encima de las costas, varios metros sobre el nivel del mar. No se puede mucho más allá porque está el Parque Nacional Waraira Repano. Pero entre los 15 metros y los 80 metros sobre el nivel del mar es posible reponer el patrimonio inmobiliario de La Guaira.
Antonio De Lisio (Foto: Newsweek Argentina)
Cuando se produjo aquel deslave, veíamos que había condiciones para edificaciones de no más de cuatro pisos que podrían albergar hasta 400.000 personas. Tanto en el ‘99 como en esta situación de sismicidad, estos sectores alejados de los conos de eyección han mostrado que tienen un mejor comportamiento y son menos vulnerables a las amenazas naturales. de hecho, observando unos mapas del casco histórico de La Guaira, vemos que en la plaza central no hay ninguna edificación dañada.
Reconstruir La Guaira es posible, pero hay que abandonar los conos de eyección y los abanicos fluviales, y edificando la ciudad en un suelo más seguro.
CRISTIAN ASINELLI
Vicepresidente del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF)
Luego de los dos terremotos de enorme magnitud que sufrió Venezuela el pasado 24 de junio, CAF -banco de desarrollo de América Latina y el Caribe anunció una donación inicial de 300.000 dólares, destinada a fortalecer la ayuda humanitaria al país y a contribuir con los trabajos que lleva adelante el gobierno en materia de reconstrucción y atención a la emergencia.
Días después, y a raíz de la dimensión de las pérdidas humanas y la devastación en materia de servicios, suministros esenciales e infraestructura general, el organismo multilateral definió la creación del Fondo para la Recuperación de Venezuela, un mecanismo diseñado para movilizar recursos públicos, privados e internacionales, que priorizará y gestionará CAF en articulación con el gobierno nacional, según sus necesidades y urgencias. Para tal fin, nuestra institución aportó US$ 1 millón como capital semilla, que tendrá el objetivo de financiar las primeras iniciativas prioritarias, y se regirá por un mecanismo de administración transparente y de rendición de cuentas, que no contemplará comisión alguna en ninguna de las fases de trabajo.
Cristian Asinelli (Foto: Mariano Sánchez – Newsweek Argentina / NA)
Además, el Fondo será acompañado por las firmas internacionales EY (Ernst & Young) y PwC Venezuela (Firma miembro de PricewaterhouseCoopers), que colaborarán con el control, la auditoría y la supervisión independiente de todo el proceso.
El aporte vehiculizado por CAF contemplará una serie de etapas, que incluyen la atención inmediata inicial, la rehabilitación de servicios críticos en salud, agua y saneamiento, energía, educación y conectividad, en una segunda fase, y, por último, la reconstrucción y reducción de vulnerabilidades frente a posibles emergencias futuras.
Desde su creación en 1968, CAF ha destinado recursos no reembolsables y donaciones a sus países miembros como respuesta humanitaria ante emergencias. Es el caso, por ejemplo, de la contribución a Chile a raíz de los incendios en las regiones de Ñuble y Bío Bío de principios de 2026.
RICHARD BLANCO
Diputado y vicepresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela
No hay reconstrucción sin solución política. Antes de pensar en obras o inversiones, el punto de partida debe ser el restablecimiento de las instituciones, del estado de derecho y de la confianza. Sin un marco político que garantice transparencia, estabilidad y reglas claras, cualquier plan de reconstrucción será inviable y responderá a intereses particulares antes que al interés general.
Esa es la base del Plan Tierra de Gracia, una hoja de ruta que pone en el centro la dignidad de los venezolanos. Su primer paso es recuperar la legitimidad de la gobernanza mediante elecciones libres y verificables, condición indispensable para acceder a la cooperación internacional y reconstruir instituciones serias, con técnicos y profesionales capaces de conducir el proceso.
La reconstrucción requiere organismos técnicos independientes que gestionen las obras, fiscalicen los recursos y validen los estudios de riesgo. Ninguna decisión, como la reubicación de comunidades vulnerables, puede imponerse desde arriba: debe construirse con consultas vinculantes a la población afectada y con el respaldo de instituciones preparadas para ello.
También se debe crear un Consejo Nacional de Reconstrucción que reúna al Estado, expertos independientes, organizaciones civiles, pueblos indígenas, sectores productivos y representantes de las regiones afectadas. La transparencia debe ser absoluta: cada recurso invertido debe registrarse en una plataforma pública accesible para todos.
La reconstrucción tiene que ser liderada por los venezolanos. Después de años de enormes ingresos petroleros, la tragedia dejó en evidencia la falta de preparación del Estado y la ausencia de equipos básicos para responder a la emergencia. Por eso, además de reconstruir carreteras y viviendas, será necesario reparar el tejido social, priorizar las obras donde más se necesitan y acompañar a las comunidades con empleo, viviendas dignas y atención al impacto psicológico.
Richard Blanco, diputado y vicepresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela de 2015.
María Corina Machado representa un pilar central de esta hoja de ruta porque logró unir a millones de venezolanos alrededor del cambio democrático. La reconstrucción exige sumar voluntades, cumplir los acuerdos y responder a la esperanza del pueblo.
Mientras se avanza hacia una solución política, ya pueden darse pasos concretos: validar y difundir los estudios técnicos, movilizar a la sociedad civil, exigir acuerdos mínimos entre todos los sectores, identificar los recursos disponibles y respetar los estudios de riesgo que protegen la vida.
La reconstrucción de Venezuela es, ante todo, un acto de orden político. El interés de la gente debe estar por encima de todo. Solo con instituciones legítimas, reglas para todos y un esfuerzo colectivo será posible levantar el país sin exclusiones y convertir esa decisión en hechos.
Agencia NA
