Es una mezcla de magia, sacrificio, Fe, y sobre todo, capacidad creativa, que emociona, e invita a la admiración de todo aquel que tiene el privilegio de presenciar ese espectáculo de luz, sonido, esfuerzo, y comunión entre público, kayakistas, buzos, turistas y la comunidad de Puerto Madryn.
José María Goity, más conocido como Popey, y que forma parte de la organización de este acontecimiento popular, tanto en lo religioso como en lo cultural, contó como fue que en ese asado iniciático «surgió esta idea» a la que calificó como «una picardía estratégica» porque, resumió, «a falta de presupuesto comienza la imaginación».

El Vía Crucis submarino, un acontecimiento único en el mundo, es una mezcla de magia, sacrificio, Fe, y sobre todo, capacidad creativa, que emociona, e invita a la admiración de todo aquel que tiene el privilegio de presenciar junto a miles de personas, ese espectáculo de luz, sonido, esfuerzo, y comunión entre público, kayakistas, buzos, turistas y la comunidad de Puerto Madryn.
Desde que el Cristo, interpretado por un actor local, sale de la iglesia y recorre primero las estaciones en tierra, hasta que una cruz luminosa junto al sacerdote o laico -que relatan a través de un hidrófono- son bajados a las aguas del golfo por una inmensa grúa, acompañados por kayakistas, buzos profesionales y deportivos, todo el mundo está hipnotizado por las escenas.
